El departamento y la inversión continuaron bajo mi titularidad, sin que Ricardo pudiera demostrar derechos sobre esos bienes.
Respecto a los movimientos de la cuenta compartida, nuestros abogados alcanzaron un acuerdo económico documentado después de revisar los cargos y las aportaciones de ambos.
No recuperé todo lo que había entregado voluntariamente durante el matrimonio.
Tampoco pretendí hacerlo.
Una cosa era haber sido generosa y otra muy distinta permitir que alguien siguiera aprovechándose de mí.
Finalmente firmamos el divorcio.
Ricardo estaba sentado frente a mí cuando llegó el momento de concluir.