un acuerdo normal entre esposos.
—No. Es un intento de conseguir por escrito lo que no pudiste obtener usando mi celular.
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Por primera vez no encontró palabras para defenderse.
Entonces hice algo que nunca pensé que tendría que hacer frente al hombre con quien había compartido mi cama durante dos años.
Le pedí que se marchara.
—Mariana, estás destruyendo nuestro matrimonio.
—No, Ricardo. Nuestro matrimonio empezó a destruirse cuando confundiste mi confianza con permiso para quedarte con mis cosas.
Él recogió la carpeta.
Antes de salir, me miró con