me quedaba dormida viendo películas.
Al que prometió cuidarme en las buenas y en las malas.
Durante mucho tiempo me pregunté cuál de aquellos dos hombres era el verdadero Ricardo.
Hasta que comprendí algo.
Ambos habían existido.
Había sido cariñoso conmigo.
Pero también había sido capaz de traicionarme cuando mi voluntad se interpuso entre él y el dinero que deseaba.
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Una cosa no borraba la otra.
—Te quise muchísimo —respondí—. Pero ya no puedo confiar en ti.
Firmé.
Y con aquella firma terminó la vida que habíamos planeado juntos.