girar alrededor de los problemas de Ricardo y su familia.
Un año después recibí un mensaje inesperado.
Era de Diego.
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Me contó que la compra de aquella casa nunca se había concretado.
Sin mi dinero, no podía pagarla.
También me dijo que había conseguido un empleo estable y que ahora estaba ahorrando para rentar un departamento con su novia.
Al final escribió:
«Sé que fui un grosero contigo. Mi hermano y mi mamá nos hicieron creer que teníamos derecho a pedirte cualquier cosa. Pero yo también fui culpable. Perdón».