desde el escenario.
Su cara se iluminó.
Al regresar a casa se quedó dormida sobre su hombro.
Yo iba a despertarla cuando la escuché murmurar:
—Papá…
Alejandro también la oyó.
Ninguno dijo nada.
Pero la mañana siguiente recibí un mensaje de un número desconocido.
“Señora Lucía Morales: la señora Beatriz Ferrer desea hablar con usted. A solas.”
Y entonces entendí que la parte difícil apenas comenzaba.
Parte 2:
La madre de Alejandro vivía en una casa enorme en Lomas de Chapultepec.
Beatriz Ferrer me recibió con un vestido gris impecable