y una fila de perlas alrededor del cuello.
Me ofreció café.
Después dejó la taza sobre el plato.
—Voy a ser directa, Lucía. Mi hijo está enamorado de usted.
No respondí.
—Alejandro pertenece a una familia muy conocida. Se reúne con empresarios, políticos, inversionistas. Usted trabaja en una panadería y tiene una hija de otro hombre.
Sus palabras me dolieron porque no contenían insultos.
Solo hechos utilizados como armas.
—La gente hablará —continuó—. Y tarde o temprano eso afectará a mi hijo.
Abrió una carpeta de piel.
Sacó un cheque.