—La gente hablará —continuó—. Y tarde o temprano eso afectará a mi hijo.
Abrió una carpeta de piel.
Sacó un cheque.
$2.400.000 pesos.
Lo deslizó hacia mí.
—Con esto puede comprar una casa pequeña, abrir un negocio, asegurar el futuro de su hija. Solo le pido que se aleje de Alejandro.
Miré el cheque.
Era más dinero del que podría ahorrar en muchos años.
Pensé en Camila.
En una habitación propia.
En una escuela mejor.
En no calcular cada kilo de tortillas antes de llegar a la caja.