tarde casi chocamos con un hombre al entrar.
—Perdón —dije inmediatamente.
Él retrocedió y nos sostuvo la puerta.
—Después de ustedes.
Camila hizo una pequeña reverencia como las princesas de sus dibujos.
El hombre soltó una carcajada.
Más tarde lo volvimos a encontrar frente a los zapatos.
—Creo que ya nos presentaron esas puertas giratorias —dijo—. Soy Alejandro Ferrer.
—Lucía Morales.
Camila levantó su dibujo.
—¿Quiere verlo?
Alejandro se agachó hasta quedar a su altura.
Estudió aquel garabato como si fuera un plano de arquitectura.
—Te quedó mejor el moño