siquiera en un mal día; y una vez que ya estás leyendo una página, continuar con diez más es mucho más fácil que empezar desde cero.
La constancia construye la identidad; la intensidad puede llegar después.
La razón más profunda por la que esto funciona no radica en los dos minutos en sí, sino en el efecto que la repetición produce con el tiempo. Cada vez que te presentas, aunque sea mínimamente, refuerzas la identidad de ser alguien que hace esto. “Soy alguien que hace ejercicio” o “Soy alguien que