mamá.
Valeria comenzó a explicarme algo que me revolvió el estómago.
Durante toda su infancia, Ernesto le había contado que yo era un adolescente problemático que robaba dinero, consumía drogas y había escapado de casa después de agredirlo.
—Papá decía que tú no querías saber nada de nosotros —murmuró.
—Valeria, yo tenía trece años. Él me abandonó en una carretera y quemó mis cosas.
Escuché cómo comenzaba a llorar.
—Hay algo más, Samuel. Necesito verte.
Nos encontramos al día siguiente en una cafetería de Pátzcuaro.
Valeria llegó acompañada de Iván,