Tenía 13 años cuando mi padre arrojó mi maleta al suelo, le prendió fuego y me dijo: “Desde hoy no tienes familia”. Mi tía me recogió aquella noche y nunca volví a verlo. Pero 18 años después llegó una carta que revelaba un secreto sobre mi herencia. Guardé silencio y llamé a una abogada, sin imaginar lo que descubriríamos sobre la boda de mi hermana…

mamá.

Valeria comenzó a explicarme algo que me revolvió el estómago.

Durante toda su infancia, Ernesto le había contado que yo era un adolescente problemático que robaba dinero, consumía drogas y había escapado de casa después de agredirlo.

—Papá decía que tú no querías saber nada de nosotros —murmuró.

—Valeria, yo tenía trece años. Él me abandonó en una carretera y quemó mis cosas.

Escuché cómo comenzaba a llorar.

—Hay algo más, Samuel. Necesito verte.

Nos encontramos al día siguiente en una cafetería de Pátzcuaro.

Valeria llegó acompañada de Iván,