amor.
Me abrazó, pero sentí que estaba abrazando a un desconocido.
Durante la cena me dio otra sorpresa.
—Lucía, quiero que vendamos el departamento y nos mudemos a Veracruz. Encontré una casa preciosa cerca del mar. Podemos comenzar de nuevo.
Dejé lentamente el tenedor.
—¿Vender nuestro departamento?
—Sí. Ya hablé con una inmobiliaria. Hay un comprador interesado y podríamos avanzar con los papeles el martes.
Aquel departamento había pertenecido a mis padres. Estaba escriturado únicamente a mi nombre, y Arturo siempre había asegurado que jamás intentaría disponer de él.
—¿Y