Mi esposo trajo un cuadro enorme justo antes de irse de viaje y me dijo: “Si me quieres, no lo toques”. Después de 11 años de matrimonio, aquella petición me pareció extraña. Mientras limpiaba, el marco se deslizó y descubrí un compartimento oculto con dinero y documentos falsos. Guardé fotografías de todo sin decir una palabra. Dos días después, mi esposo me pidió vender urgentemente nuestra casa, y entendí que estaba preparando algo terrible…

amor.

Me abrazó, pero sentí que estaba abrazando a un desconocido.

Durante la cena me dio otra sorpresa.

—Lucía, quiero que vendamos el departamento y nos mudemos a Veracruz. Encontré una casa preciosa cerca del mar. Podemos comenzar de nuevo.

Dejé lentamente el tenedor.

—¿Vender nuestro departamento?

—Sí. Ya hablé con una inmobiliaria. Hay un comprador interesado y podríamos avanzar con los papeles el martes.

Aquel departamento había pertenecido a mis padres. Estaba escriturado únicamente a mi nombre, y Arturo siempre había asegurado que jamás intentaría disponer de él.

—¿Y