Mi esposo trajo un cuadro enorme justo antes de irse de viaje y me dijo: “Si me quieres, no lo toques”. Después de 11 años de matrimonio, aquella petición me pareció extraña. Mientras limpiaba, el marco se deslizó y descubrí un compartimento oculto con dinero y documentos falsos. Guardé fotografías de todo sin decir una palabra. Dos días después, mi esposo me pidió vender urgentemente nuestra casa, y entendí que estaba preparando algo terrible…

todo estaba listo.

—Es un procedimiento necesario.

El documento llevaba un encabezado que jamás olvidaré:

“Registro de seguimiento. Mujer viuda, propietaria de inmueble, con una hija menor de edad. Posible domicilio de resguardo.”

Debajo estaban mi nombre completo, la dirección de mi departamento y los horarios en que salía a trabajar.

También aparecía el nombre de la escuela primaria a la que asistía Natalia.

Sentí náuseas.

—¿Qué significa esto? —pregunté.

Héctor Salinas cerró lentamente la carpeta.

—Significa que su esposo la estaba investigando antes de acercarse a usted.

—No entiendo. ¿