urgencia de nuestra investigación.
Entonces le pregunté lo único que realmente me importaba:
—¿Puede proteger a mi hija?
—Vamos a coordinar medidas de protección. También necesitamos que ella conozca el riesgo y siga las indicaciones de seguridad.
Llamé a Natalia desde aquella oficina.
Le expliqué lo suficiente para que comprendiera que no se trataba de una preocupación exagerada. Se quedó callada durante varios segundos.
—Mamá… ¿Arturo es una mala persona?
No supe qué contestar.
Recordé que él le había enseñado a andar en bicicleta. Que había asistido a sus festivales