Mi esposo trajo un cuadro enorme justo antes de irse de viaje y me dijo: “Si me quieres, no lo toques”. Después de 11 años de matrimonio, aquella petición me pareció extraña. Mientras limpiaba, el marco se deslizó y descubrí un compartimento oculto con dinero y documentos falsos. Guardé fotografías de todo sin decir una palabra. Dos días después, mi esposo me pidió vender urgentemente nuestra casa, y entendí que estaba preparando algo terrible…

urgencia de nuestra investigación.

Entonces le pregunté lo único que realmente me importaba:

—¿Puede proteger a mi hija?

—Vamos a coordinar medidas de protección. También necesitamos que ella conozca el riesgo y siga las indicaciones de seguridad.

Llamé a Natalia desde aquella oficina.

Le expliqué lo suficiente para que comprendiera que no se trataba de una preocupación exagerada. Se quedó callada durante varios segundos.

—Mamá… ¿Arturo es una mala persona?

No supe qué contestar.

Recordé que él le había enseñado a andar en bicicleta. Que había asistido a sus festivales