Natalia vino a Puebla.
Entró en nuestra antigua recámara y encontró la fotografía de bodas dentro de una caja.
La sostuvo entre sus manos.
—Mamá, ¿todo fue mentira?
Me senté a su lado.
—No lo sé, hija. Pero sé que mi amor por ti fue verdadero. Y también lo fueron las tardes que pasamos juntas, las canciones que aprendiste y todos los momentos felices que tuvimos.
Natalia apoyó la cabeza en mi hombro.
—Me da coraje extrañarlo.
La abracé.
—Puedes extrañar a alguien y reconocer que te hizo daño. Una