quedarse a tomar café? Los padres organizaron una pequeña convivencia.
—Con mucho gusto.
Natalia apareció detrás de mí, cargando unas partituras.
—Mamá, necesitamos ayuda con las sillas.
—Ya voy, hija.
Antes de acompañarla, miré alrededor.
Había niños riéndose, familias abrazándose y personas que agradecían haber encontrado un lugar donde aprender música.
No era la vida que había imaginado cuando me casé con Arturo.
Era una vida diferente.
Pero por primera vez en mucho tiempo, aquella vida me pertenecía.
Comprendí entonces que lo más doloroso de una traición no siempre es