alguien pregunta por ti, avisa inmediatamente a la administración.
—Mamá, ¿qué está pasando?
Quise contarle todo, pero imaginé su rostro lleno de miedo.
—Hay un problema con una persona que conoce a Arturo. Te explicaré cuando pueda hacerlo con seguridad.
Esa noche comprendí que no bastaba con descubrir quién era mi esposo. Tenía que proteger a mi hija antes de que aquellos hombres resolvieran sus cuentas pendientes.
El viernes, Arturo regresó inesperadamente.
Llegó con chocolates, un perfume caro y una sonrisa que no veía desde hacía meses.
—Te extrañé, mi