usada. Después abrió un taller junto al negocio de don Ernesto.
Poco a poco llegaron clientes, y yo lo vi recuperar algo que el dinero no podía comprar: la rutina. Decidir a qué hora abrir, cuándo comer y cuándo cerrar una puerta.
La primera Navidad después de que limpiaron su nombre, mi madre preparó sopa de fideo con huevo y carne.
Cuando puso el plato frente a Miguel, todos guardamos silencio.
Él miró el vapor.
La primera vez que yo le había dado un plato caliente después de prisión, se