dolió el estómago.
Ernesto también terminó riéndose.
—Misterio resuelto.
—Por suerte.
Cuando se fue, preparé café y me senté junto a la ventana.
Pensé en todo lo ocurrido.
Mauricio había querido mis veinticuatro millones de pesos.
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Pero el verdadero robo que intentó cometer no estaba en una cuenta bancaria.
Quiso robarme mi criterio.
Quiso que cada decisión necesitara su aprobación.
Quiso convertirme en una mujer que preguntara:
“¿Estoy segura?”
y luego mirara a su marido esperando la respuesta.
Eso fue lo que más tiempo tardé en recuperar.
Hoy puedo