día regresé a casa decidida a inspeccionar el dormitorio.
Al levantar una esquina del colchón percibí un olor extraño, como plástico viejo mezclado con humedad. Bajo la cama también había pequeños residuos grises.
Yo había aspirado dos días antes.
Cuando Mauricio regresó, se lo conté.
—Voy a llamar a una empresa de limpieza profunda para que revisen la cama.
Su expresión cambió.
Solo durante un segundo.
Pero lo vi.
—¿Para qué gastar en eso? Mejor compramos otra cama.
—Me gusta esta.
—Tiene seis años, Verónica.
—Precisamente. Quiero saber qué tiene.