El técnico de limpieza encontró algo bajo mi cama y me pidió en voz baja: “No llame todavía a su esposo”. Entre polvo gris y cinta vieja aparecieron una cámara, un micrófono y papeles sobre mi herencia de 24 millones de pesos. Yo solo tomé una foto, llamé al abogado y esperé en silencio; cuando mi marido llegó y dijo “Yo no fui” antes de que nadie lo acusara, todo cambió.

Mauricio apretó la mandíbula.

—Haz lo que quieras.

El viernes llegó Ernesto, un técnico de unos cincuenta años. Mauricio supuestamente tenía reuniones fuera de la oficina.

Entre los dos movimos la pesada base de madera.

El olor se intensificó.

Ernesto se tiró al piso con una lámpara y comenzó a revisar la estructura por debajo.

De repente dejó de moverse.

—Señora Verónica…

Su voz había cambiado.

—¿Qué pasa?

—Venga. Pero no toque nada.

Me arrodillé.

La luz reveló una pequeña caja negra adherida a una tabla con cinta industrial.

Después