Mauricio apretó la mandíbula.
—Haz lo que quieras.
El viernes llegó Ernesto, un técnico de unos cincuenta años. Mauricio supuestamente tenía reuniones fuera de la oficina.
Entre los dos movimos la pesada base de madera.
El olor se intensificó.
Ernesto se tiró al piso con una lámpara y comenzó a revisar la estructura por debajo.
De repente dejó de moverse.
—Señora Verónica…
Su voz había cambiado.
—¿Qué pasa?
—Venga. Pero no toque nada.
Me arrodillé.
La luz reveló una pequeña caja negra adherida a una tabla con cinta industrial.
Después