dedos temblorosos. Lloró, pero no cambió de decisión.
Álvaro firmó el divorcio aquella misma noche. Renunció además a cualquier reclamación sobre el traslado y entregó al consejo las pruebas contra Pilar. La mujer perdió su cargo, aunque Lucía se negó a convertir el conflicto en una guerra pública.
—No la protejo —aclaró—. Me protejo a mí. No quiero comenzar mi nueva vida hablando de vuestra familia.
Pilar apareció a la mañana siguiente. No venía a disculparse, sino a exigir que Lucía devolviera las acciones recibidas al casarse.
—Nunca quise vuestro