Al día siguiente de mi 35 cumpleaños oí confirmar la cena privada para Clara en el Palacio de Linares. Él recordaba su alergia y olvidaba mi cumpleaños, y su madre sentenció: “algunas esposas ocupan una casa, pero otras ocupan el corazón”. No lloré, dejé el divorcio firmado y pedí traslado definitivo a Buenos Aires. Debajo encontré su nota: cuando me fuera, las acciones volverían a su sitio.

ojos. Había esperado esa pregunta durante 3 años, y llegaba cuando ya no podía cambiar nada.

—Dile que sí.

La respuesta de Álvaro fue breve:

—Entonces es suficiente.

Lucía empujó las palancas. Madrid quedó bajo las nubes y, por primera vez, marcharse no se pareció a perder.

Buenos Aires le devolvió partes de sí misma que creía agotadas. Alquiló un piso luminoso en Palermo, volvió a correr junto a los bosques y aceptó rutas a Santiago, Roma, Johannesburgo y Madrid. La aerolínea la nombró instructora de nuevos comandantes. En 6