Al día siguiente de mi 35 cumpleaños oí confirmar la cena privada para Clara en el Palacio de Linares. Él recordaba su alergia y olvidaba mi cumpleaños, y su madre sentenció: “algunas esposas ocupan una casa, pero otras ocupan el corazón”. No lloré, dejé el divorcio firmado y pedí traslado definitivo a Buenos Aires. Debajo encontré su nota: cuando me fuera, las acciones volverían a su sitio.

comenzó terapia y rompió profesionalmente con su madre. Vendió parte de sus acciones para crear, sin usar el nombre de Lucía, un programa de becas para mujeres en aviación. Clara se marchó a Valencia y rechazó el dinero de Pilar. Antes de irse escribió a Lucía una sola vez: “No fui inocente, pero tampoco quiero seguir siendo el arma de otra persona”. Lucía no contestó, aunque dejó de odiarla.

1 año después volvió a Madrid para hablar en un congreso aeronáutico. Al terminar, vio a Álvaro en la última fila.