abrir de nuevo todas las puertas.
En una terraza discreta de Cádiz, Álvaro entregó a Lucía una caja. Dentro había una alianza sencilla con una frase grabada: “Elige siempre tu cielo”.
No se arrodilló. No había fotógrafos ni flores llegadas de otro país.
—No quiero pedirte que vuelvas a ser la esposa que fuiste —dijo—. Quiero saber si algún día aceptarías construir conmigo una vida que no se parezca a aquella.
—¿Y si mi carrera sigue siendo mi prioridad?
—Aprenderé tus horarios.
—¿Y si vuelven a trasladarme?
—Compraremos 2 billetes.