mí?
—Que nunca vuelvas a llamar defecto a la libertad de una mujer.
Pilar tardó meses en ofrecer una disculpa sin condiciones. Lucía la aceptó, pero no le devolvió la intimidad que había perdido. Perdonar, comprendió, no obligaba a abrir de nuevo todas las puertas.
En una terraza discreta de Cádiz, Álvaro entregó a Lucía una caja. Dentro había una alianza sencilla con una frase grabada: “Elige siempre tu cielo”.
No se arrodilló. No había fotógrafos ni flores llegadas de otro país.
—No quiero pedirte que vuelvas a ser la