Al día siguiente de mi 35 cumpleaños oí confirmar la cena privada para Clara en el Palacio de Linares. Él recordaba su alergia y olvidaba mi cumpleaños, y su madre sentenció: “algunas esposas ocupan una casa, pero otras ocupan el corazón”. No lloré, dejé el divorcio firmado y pedí traslado definitivo a Buenos Aires. Debajo encontré su nota: cuando me fuera, las acciones volverían a su sitio.

se atrevió a enviar: su primer vuelo como capitana, una avería sobre el Atlántico, 3 aniversarios esperando una cena. La última decía: “No eras incapaz de amar; simplemente no me elegiste”.

Fue a casa de Clara buscando respuestas. Ella, llorando, confesó que Pilar había pagado su alojamiento y organizado cada aparición pública. Quería expulsar a Lucía antes de que el matrimonio cumpliera 4 años y ella consolidara acciones del grupo familiar.

—Acepté porque estaba sola —admitió Clara—, pero tú hiciste el resto. Nadie te obligó a humillarla.

Álvaro regresó dispuesto