Marta Lucía Rojas.
Su nombre.
Sentí que el mundo dejaba de girar.
La miré sin poder respirar.
—¿Vos…?
Ella asintió.
Llorando.
—Sí.
No recuerdo haber llorado así en toda mi vida.
Ni siquiera cuando firmé los papeles de la adopción.
Le pedí perdón una y otra vez.
—Perdóname…
—Perdóname por haberte dejado…
—Perdóname por no buscarte…
Ana se acercó a mi cama.
Tomó mi mano entre las suyas.
Y dijo algo que jamás olvidaré.
—No me abandonaste.
Me salvaste.
Negué con la cabeza.
—Te dejé sola.
Ella sonrió mientras también