ENTREGUÉ A MI HIJA EN ADOPCIÓN DESDE LA CÁRCEL… TREINTA AÑOS DESPUÉS, VOLVIÓ PARA SALVARME LA VIDA.

brazos, sentí que alguien me arrancaba el alma.

Nunca volví a verla.

Los años pasaron.

Cumplí mi condena.

Salí de prisión.

Y descubrí que empezar de cero era mucho más difícil de lo que imaginaba.

Nadie quería contratar a una exconvicta.

Dormí en pensiones.

Acepté cualquier trabajo que apareciera.

Lavé platos.

Barrí oficinas.

Limpié baños.

Finalmente conseguí un empleo estable limpiando una residencia para estudiantes.

Ganaba poco.

Pero era suficiente para pagar una habitación diminuta donde apenas entraban una cama, una mesa y una cocina eléctrica.

Con el tiempo hice