Lo que yo no sabía era que él también planeaba llevar a alguien.
Cuando las luces se encendieron, Alejandro estaba despeinado, con la corbata floja y claramente pasado de copas. La mujer pegada a él era Valeria, una analista de veintisiete años que trabajaba directamente en su equipo.
Yo la había visto dos veces en eventos de la empresa.
Nunca imaginé que conociera mi recámara.
Doña Carmen fue la primera en reaccionar.
—¿Qué demonios estás haciendo?
Alejandro miró alrededor como si el problema fuera que lo hubiéramos descubierto, no lo