que estaba haciendo.
—Bueno… esto es incómodo.
Sentí algo romperse dentro de mí.
—¿Por qué la trajiste a nuestra casa?
—Pensé que estarías con tus papás.
Eso fue lo primero que respondió.
Ni siquiera negó la relación.
Entonces vi algo que terminó de destrozarme: en la entrada había una maleta deportiva. Estaba preparada.
Alejandro no había cometido un error impulsivo.
Había planeado irse.
—Te organicé todo esto —le dije—. Traje a tu mamá, invité a tu familia, cociné desde la mañana…
Él observó las luces, las botellas, el pastel, a