algo más.
—¿Qué?
Carmen apoyó ambas manos en la taza.
—Que el amor no es un permiso para lastimar a alguien y después exigir refugio cuando llegan las consecuencias.
No respondí.
Se me llenaron los ojos de lágrimas.
Aquella noche, después de que Carmen se fue, me quedé sola en mi sala.
Pensé en los globos azules.
En el pastel.
En el segundo exacto en que las luces se encendieron y vi a mi esposo besando a otra mujer frente a todos.
Durante meses consideré aquella noche la peor de