mi vida.
Tal vez lo fue.
No voy a decir que estoy agradecida.
No voy a decir que todo pasa por algo.
Hay dolores que no necesitan convertirse en regalos para que uno consiga sobrevivirlos.
Tampoco perdoné a Alejandro.
Simplemente dejé de esperar una explicación capaz de hacer que lo ocurrido tuviera sentido.
Durante años había pensado que, si encontraba las palabras correctas, podía lograr que él entendiera mis sentimientos.
Después comprendí algo mucho más sencillo:
él los entendía.
Solo que muchas veces le importaban menos que los suyos.
Apagué