las luces de mi departamento y fui hacia mi habitación.
La cama estaba desordenada porque la había dejado así aquella mañana.
Había una taza sobre el buró.
Un libro abierto boca abajo.
Mi chamarra estaba tirada sobre una silla.
Nada era perfecto.
Pero todo era mío.
Mi dinero.
Mi trabajo.
Mis decisiones.
Mi silencio.
Mi tranquilidad.
Antes de acostarme pensé en la mujer que había sido durante nueve años, midiendo palabras, reduciendo sueños y tratando de mantener intacta una paz que únicamente existía mientras yo aceptara desaparecer un poco.
Quise