nuestros amigos.
Y se encogió de hombros.
—Precisamente por eso estoy cansado. Todo contigo se siente como una obligación. Hoy conseguí lo que siempre quise y entendí que no quiero seguir viviendo una vida que me asfixia.
Valeria levantó el mentón.
Como si ella fuera el premio por su ascenso.
—¿Así justificas engañarme? —pregunté.
—No estoy tratando de lastimarte. Estoy escogiendo algo que por fin se siente real.
Entonces perdí el control.
Tomé el pastel con ambas manos y se lo estampé contra el pecho y la cara.
Crema azul,