betún blanco y migajas volaron por toda la entrada. Parte terminó sobre el vestido de Valeria.
Alguien soltó una carcajada nerviosa.
Alejandro rugió:
—¡Estás loca!
Valeria me miró con desprecio.
—Puedes hacer todos los berrinches que quieras. Él ya te eligió dejar. Acéptalo.
Y después añadió, mirando las decoraciones que yo había preparado:
—Tal vez está harto de… todo esto.
Le di una bofetada.
El salón explotó en voces.
Alejandro corrió hacia ella.
—¡Esta es la prueba! —gritó señalándome frente a todos—. ¡Miren cómo es! ¡Por esto me voy!
Yo