Toda la familia estaba reunida para celebrar el ascenso de mi esposo cuando él apareció besando a su amante y, delante de más de 30 testigos, dijo: “Estoy cansado de este matrimonio”. Yo permanecí en silencio mientras mi suegra observaba una maleta que él ya había preparado. A la mañana siguiente, ella puso un documento frente a …

sonrisa de su hijo.

—No, Alejandro. Esta casa jamás ha sido tuya.

Ninguno de nosotros podía imaginar lo que esa frase iba a provocar.

PARTE 2

Alejandro se quedó inmóvil.

La casa de Coyoacán había pertenecido a su abuelo. Después de su muerte, por cuestiones de herencia que yo nunca entendí demasiado, la propiedad quedó legalmente a nombre de doña Carmen.

Nosotros vivíamos allí desde que nos casamos.

Alejandro siempre hablaba de ella como “mi casa”.

Pero legalmente no lo era.

—Mamá, no empieces —gruñó.

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