Yo no empecé nada. Tú entraste besando a tu empleada frente a tu esposa.
Valeria tomó su bolso.
—Vámonos.
Antes de salir, me miró.
—Disfruta la casa mientras puedas.
Alejandro cerró la puerta de un golpe.
Esa noche casi no dormí.
A la mañana siguiente llamé a mi propia madre esperando escuchar algo que me sostuviera.
Su respuesta fue peor de lo que imaginaba.
—Mariana, tampoco debiste hacer semejante escándalo.
—¿Escándalo? Entró con su amante.
—Pero aventarle un pastel y pegarle a la muchacha… Los hombres tampoco olvidan esas humillaciones.