Fui a llevarle comida a mi marido al hospital, abrí una puerta equivocada y una anciana me detuvo: “Huye de él. Ayer escuché hablar de tu herencia y de 5 millones de pesos”. Regresé a su habitación como si nada y, cuando me pidió firmar un poder, respondí: “Por supuesto”. Él sonrió convencido de que había ganado… sin saber quiénes lo esperarían en la notaría.

—Necesito decirte algo sobre tu esposo.

Daniela se quedó quieta.

—Cuando tú te vas, vienen su mamá y otra mujer. Hablan de tu casa, de un poder y de casi cinco millones de pesos. Ayer esa mujer le dijo: “Haz que firme. Luego yo cambio lo necesario y vendemos antes de que sospeche”.

Daniela sintió un hueco en el estómago.

—¿Está segura?

—También dijo que después del negocio podían divorciarse. Rodrigo la llamó “tía Patricia”.

Aquella misma tarde Rodrigo recibió a Daniela sonriente.

—El doctor dice que pronto salgo. Por