llegar a la notaría, Rodrigo terminó en urgencias con una apendicitis complicada y peritonitis.
Durante varios días Daniela dividió su vida entre el hospital y la oficina. Cocinaba desde las cinco de la mañana, visitaba a Rodrigo, trabajaba diez horas y regresaba por la noche.
Una mañana entró por error a otra habitación.
Allí conoció a doña Rosa, una mujer de setenta años que estaba hospitalizada sola.
Daniela comenzó a llevarle fruta o yogur cada vez que visitaba a Rodrigo.
Hasta que una mañana doña Rosa la tomó del brazo.