Fui a llevarle comida a mi marido al hospital, abrí una puerta equivocada y una anciana me detuvo: “Huye de él. Ayer escuché hablar de tu herencia y de 5 millones de pesos”. Regresé a su habitación como si nada y, cuando me pidió firmar un poder, respondí: “Por supuesto”. Él sonrió convencido de que había ganado… sin saber quiénes lo esperarían en la notaría.

llegar a la notaría, Rodrigo terminó en urgencias con una apendicitis complicada y peritonitis.

Durante varios días Daniela dividió su vida entre el hospital y la oficina. Cocinaba desde las cinco de la mañana, visitaba a Rodrigo, trabajaba diez horas y regresaba por la noche.

Una mañana entró por error a otra habitación.

Allí conoció a doña Rosa, una mujer de setenta años que estaba hospitalizada sola.

Daniela comenzó a llevarle fruta o yogur cada vez que visitaba a Rodrigo.

Hasta que una mañana doña Rosa la tomó del brazo.