Fui a llevarle comida a mi marido al hospital, abrí una puerta equivocada y una anciana me detuvo: “Huye de él. Ayer escuché hablar de tu herencia y de 5 millones de pesos”. Regresé a su habitación como si nada y, cuando me pidió firmar un poder, respondí: “Por supuesto”. Él sonrió convencido de que había ganado… sin saber quiénes lo esperarían en la notaría.

con el notario. Firmaremos el poder.

Rodrigo casi no pudo ocultar su alegría.

—Sabía que podía contar contigo.

Daniela sonrió.

Por dentro tenía el corazón destrozado.

Pero ya no era la muchacha que soñaba con tener una familia a cualquier precio.

Ahora quería descubrir hasta dónde eran capaces de llegar.

Y el viernes, frente a aquella firma que valía millones, todos mostrarían finalmente su verdadera cara.

PARTE 3

El viernes por la mañana Teresa llegó al departamento antes de las nueve.

—Voy con ustedes —anunció—. Rodrigo todavía está delicado. Además,