Patricia ya dejó todo preparado.
Daniela la observó mientras servía café.
Meses atrás habría interpretado aquella insistencia como cariño. Ahora cada gesto le parecía una pieza cuidadosamente colocada.
Rodrigo vestía despacio por la operación. Incluso caminaba ligeramente encorvado.
—No tenías que hacer esto ahora —le dijo Daniela mientras le ayudaba con la camisa—. Podíamos esperar.
—Mientras antes dejemos funcionando la casa, antes empezarás a ganar dinero.
Seguía hablando de “tu casa”, aunque en su cabeza probablemente ya la consideraba suya.
Cuando llegaron a la notaría, Patricia los esperaba junto a