recepción.
—¡Familia! —exclamó con una sonrisa exagerada—. Daniela, hiciste bien en aceptar ayuda. Tu esposo acaba de salir del hospital y aun así está pensando en resolverte problemas. Hombres así quedan pocos.
—Sí —respondió Daniela—. Rodrigo es inolvidable.
Patricia no percibió el doble sentido.
Dos mujeres estaban sentadas al fondo del pasillo.
Rodrigo ni siquiera las miró.
Eran Lorena y Adriana.
Dentro del despacho, una notaria llamada Verónica revisó identificaciones y abrió una carpeta.
—Su tía Patricia me explicó el asunto —comentó—. Un poder para administrar la propiedad de Progreso.