Fui a llevarle comida a mi marido al hospital, abrí una puerta equivocada y una anciana me detuvo: “Huye de él. Ayer escuché hablar de tu herencia y de 5 millones de pesos”. Regresé a su habitación como si nada y, cuando me pidió firmar un poder, respondí: “Por supuesto”. Él sonrió convencido de que había ganado… sin saber quiénes lo esperarían en la notaría.

recepción.

—¡Familia! —exclamó con una sonrisa exagerada—. Daniela, hiciste bien en aceptar ayuda. Tu esposo acaba de salir del hospital y aun así está pensando en resolverte problemas. Hombres así quedan pocos.

—Sí —respondió Daniela—. Rodrigo es inolvidable.

Patricia no percibió el doble sentido.

Dos mujeres estaban sentadas al fondo del pasillo.

Rodrigo ni siquiera las miró.

Eran Lorena y Adriana.

Dentro del despacho, una notaria llamada Verónica revisó identificaciones y abrió una carpeta.

—Su tía Patricia me explicó el asunto —comentó—. Un poder para administrar la propiedad de Progreso.