Fui a llevarle comida a mi marido al hospital, abrí una puerta equivocada y una anciana me detuvo: “Huye de él. Ayer escuché hablar de tu herencia y de 5 millones de pesos”. Regresé a su habitación como si nada y, cuando me pidió firmar un poder, respondí: “Por supuesto”. Él sonrió convencido de que había ganado… sin saber quiénes lo esperarían en la notaría.

Daniela asintió.

El primer documento le permitía a Rodrigo representar a Daniela ante autoridades fiscales, pagar servicios y administrar rentas.

Era exactamente lo que habían hablado.

Daniela firmó.

Patricia relajó los hombros.

Entonces Verónica colocó otro juego de hojas.

—Aquí también, por favor.

Daniela tomó la pluma.

Leyó lentamente.

El texto era diferente.

Aquel segundo poder autorizaba actos de dominio: Rodrigo podría vender, ceder, hipotecar o incluso donar la propiedad.

—¿No dijo que era una copia? —preguntó Daniela.

El rostro de la notaria cambió.

—Lo es.

—Entonces explíqueme por qué