Daniela asintió.
El primer documento le permitía a Rodrigo representar a Daniela ante autoridades fiscales, pagar servicios y administrar rentas.
Era exactamente lo que habían hablado.
Daniela firmó.
Patricia relajó los hombros.
Entonces Verónica colocó otro juego de hojas.
—Aquí también, por favor.
Daniela tomó la pluma.
Leyó lentamente.
El texto era diferente.
Aquel segundo poder autorizaba actos de dominio: Rodrigo podría vender, ceder, hipotecar o incluso donar la propiedad.
—¿No dijo que era una copia? —preguntó Daniela.
El rostro de la notaria cambió.
—Lo es.
—Entonces explíqueme por qué