Fui a llevarle comida a mi marido al hospital, abrí una puerta equivocada y una anciana me detuvo: “Huye de él. Ayer escuché hablar de tu herencia y de 5 millones de pesos”. Regresé a su habitación como si nada y, cuando me pidió firmar un poder, respondí: “Por supuesto”. Él sonrió convencido de que había ganado… sin saber quiénes lo esperarían en la notaría.

decidió continuar con el embarazo.

No porque quisiera conservar un vínculo con Rodrigo, sino porque se negaba a convertir al niño en una extensión de los delitos de su padre.

Durante los meses siguientes reabrió las habitaciones de Mercedes con ayuda de doña Lupita. Los fines de semana llegaban familias de Mérida, parejas de Monterrey y viajeros que buscaban algo tranquilo lejos de los grandes hoteles.

Daniela aprendió a reservar habitaciones, revisar instalaciones, preparar desayunos sencillos y discutir con proveedores.

También aprendió algo más difícil: estar sola sin sentirse abandonada.