decidió continuar con el embarazo.
No porque quisiera conservar un vínculo con Rodrigo, sino porque se negaba a convertir al niño en una extensión de los delitos de su padre.
Durante los meses siguientes reabrió las habitaciones de Mercedes con ayuda de doña Lupita. Los fines de semana llegaban familias de Mérida, parejas de Monterrey y viajeros que buscaban algo tranquilo lejos de los grandes hoteles.
Daniela aprendió a reservar habitaciones, revisar instalaciones, preparar desayunos sencillos y discutir con proveedores.
También aprendió algo más difícil: estar sola sin sentirse abandonada.