Fui a llevarle comida a mi marido al hospital, abrí una puerta equivocada y una anciana me detuvo: “Huye de él. Ayer escuché hablar de tu herencia y de 5 millones de pesos”. Regresé a su habitación como si nada y, cuando me pidió firmar un poder, respondí: “Por supuesto”. Él sonrió convencido de que había ganado… sin saber quiénes lo esperarían en la notaría.

A principios de otoño compraron el terreno de al lado.

El propietario era Alejandro Salgado, un ingeniero de treinta y cinco años que planeaba construir un pequeño hotel boutique.

Advertisement

La primera vez que se acercó a Daniela no llevó flores.

No le dijo que era hermosa.

No habló del destino.

—Voy a empezar obra la próxima semana —explicó—. Habrá ruido y camiones. Si algo invade tu entrada, llámame y lo soluciono.

Daniela casi agradeció que fuera tan poco romántico.

Alejandro aparecía de vez en cuando para tomar café con