doña Lupita y terminaba arreglando alguna llave, moviendo un mueble o ayudando con las cajas.
Jamás preguntó quién era el padre del bebé.
Cuando el embarazo comenzó a notarse, solamente dijo:
—Si alguna vez necesitas que te lleve al hospital, mi teléfono está encendido día y noche.
Daniela mantuvo distancia.
Había aprendido que los hombres demasiado perfectos podían esconder monstruos.
Pero Alejandro no intentaba ser perfecto.
Llegaba cansado.
Se quejaba del precio del cemento.
Odiaba levantarse temprano.
Quemaba las tortillas cuando intentaba cocinar.
Y nunca prometía algo que después no