Fui a llevarle comida a mi marido al hospital, abrí una puerta equivocada y una anciana me detuvo: “Huye de él. Ayer escuché hablar de tu herencia y de 5 millones de pesos”. Regresé a su habitación como si nada y, cuando me pidió firmar un poder, respondí: “Por supuesto”. Él sonrió convencido de que había ganado… sin saber quiénes lo esperarían en la notaría.

Corrió hacia ella.

—¿Ya?

Daniela apenas pudo asentir.

Alejandro tomó las llaves del auto.

—Vámonos.

—Puedo llamar un taxi.

—Puedes. Pero mientras lo haces, yo ya te llevé.

Durante todo el camino Daniela le apretó la mano con tanta fuerza que después le dejó marcas.

Alejandro no se quejó.

Horas más tarde nació Sergio.

Cuando Daniela despertó, encontró a Alejandro dormido en una silla del pasillo.

No tenía obligación de estar allí.

Se había quedado porque quiso.

Durante los siguientes meses tampoco desapareció.

Nunca intentó ocupar un lugar que no