le pertenecía.
Simplemente estuvo presente.
Cuando Sergio tuvo fiebre por primera vez, Alejandro manejó hasta urgencias.
Cuando Daniela lloró sin explicación durante una madrugada agotadora, preparó café y se sentó cerca sin exigir que hablara.
Cuando el niño empezó a reconocer rostros, una de sus primeras grandes sonrisas fue para él.
Casi un año después, Camila volvió a Progreso.
Apenas reconoció la propiedad.
El patio tenía nuevas plantas, una pequeña zona de juegos y una terraza renovada. En el terreno vecino se levantaba ya la estructura del hotel.
Daniela salió