Fui a llevarle comida a mi marido al hospital, abrí una puerta equivocada y una anciana me detuvo: “Huye de él. Ayer escuché hablar de tu herencia y de 5 millones de pesos”. Regresé a su habitación como si nada y, cuando me pidió firmar un poder, respondí: “Por supuesto”. Él sonrió convencido de que había ganado… sin saber quiénes lo esperarían en la notaría.

en la cintura.

—Por lo menos esta vez investigaremos al candidato primero.

Los tres rieron.

Alejandro levantó una mano.

—Acepto auditoría completa.

Esa noche, después de que Sergio se durmió, las dos amigas caminaron hasta el malecón.

Daniela contempló el mar durante un largo rato.

—Toda mi vida pensé que lo peor que podía pasarme era quedarme sola. Por eso estuve a punto de entregar mi confianza, mi patrimonio y hasta mi futuro con tal de sentir que pertenecía a alguien.

—¿Y ahora?

Daniela miró hacia la casa iluminada donde