vez más por la propiedad de Progreso.
La oportunidad perfecta llegó cuando doña Lupita llamó.
—Daniela, los clientes de tu tía ya están preguntando por habitaciones para verano. Si vamos a trabajar esta temporada, debemos organizarnos.
Daniela explicó que su nuevo puesto no le permitía viajar.
Rodrigo fingió pensarlo.
—Podría ir yo. Me das un poder para administrar la propiedad, contratar gente y hacer los trámites fiscales. Somos marido y mujer, ¿no? Para eso estamos.
Daniela sonrió, conmovida.
—¿Harías eso por mí?
—Haría cualquier cosa por ti.
Pero antes de