Fui a llevarle comida a mi marido al hospital, abrí una puerta equivocada y una anciana me detuvo: “Huye de él. Ayer escuché hablar de tu herencia y de 5 millones de pesos”. Regresé a su habitación como si nada y, cuando me pidió firmar un poder, respondí: “Por supuesto”. Él sonrió convencido de que había ganado… sin saber quiénes lo esperarían en la notaría.

vez más por la propiedad de Progreso.

La oportunidad perfecta llegó cuando doña Lupita llamó.

—Daniela, los clientes de tu tía ya están preguntando por habitaciones para verano. Si vamos a trabajar esta temporada, debemos organizarnos.

Daniela explicó que su nuevo puesto no le permitía viajar.

Rodrigo fingió pensarlo.

—Podría ir yo. Me das un poder para administrar la propiedad, contratar gente y hacer los trámites fiscales. Somos marido y mujer, ¿no? Para eso estamos.

Daniela sonrió, conmovida.

—¿Harías eso por mí?

—Haría cualquier cosa por ti.

Pero antes de